¿Dar es dar?

Desde hace unos años vengo haciendo trabajo voluntario en el equipo Contigo, del Círculo Israelita de Santiago. Nuestra misión es generar vínculos dignificantes y de solidaridad inteligente con nuestros vecinos de sectores vulnerables de la comuna de Lo Barnechea. En la medida de lo posible, intentamos enfocarnos más en potenciar los recursos propios de los vecinos, que en el asistencialismo. Esto implica involucrarnos con ellos, escucharlos y evaluar sus demandas, pero también sus capacidades actuales y potenciales, considerando además nuestras propias posibilidades. Es un trabajo de hormiga, de construcción de vínculos de confianza mutua y de testear constantemente hasta dónde podemos llegar, buscando siempre correr el límite un poquito más allá. Toda vez que lanzamos una campaña de donaciones, lo hacemos sabiendo a quién llegarán esos recursos y, en general, cómo van a ser utilizados.

Y hemos hecho de todo: fiesta de Navidad para más de 300 niños de la Juan Pablo II; talleres de dibujo para niños talentosos que detectamos en esa actividad; administramos un bazar de la Fundación Tañi (que da trabajo a adultos con discapacidad intelectual); talleres para padres del Jardín Los Manzanos del Cerro 18, acompañamiento telefónico a adultos mayores, cumpleaños de niños de la Fundación Cristo Joven y muchos etcéteras.

Pertenecer a este equipo es una de las mayores experiencias de crecimiento y aprendizaje de mi vida y una fuente de tremendas satisfacciones pero también de duros desafíos. El trabajo voluntario me ha ayudado a poner los problemas en perspectiva, me ha enseñado a reconocer mis límites y a tratar de superar mis limitaciones; aunque debo reconocer que -en muchos momentos- siento como si estuviera tratando de vaciar el mar con una cuchara.

A veces la sensación llega a ser tan abrumadora que me dan ganas de desistir. No lo hago por dos cosas: una porque me arrastra la polenta de mis compañeras de equipo (que son unas cracks y unas verdaderas locomotoras) y otra porque creo profundamente en el valor de este proyecto. Con todos sus altos y bajos, me hace bien esto de dar. En gran parte, porque me saca de estar mirándome el ombligo, lo cual es super-recontra-terapéutico.

De ahí que ande recomendándoselo a todo el mundo. A mis pacientes desde ya: a los que están deprimidos y no pueden evitar creer que la vida les es desfavorable, que no merecen ser queridos o que no tienen nada para dar. Se los recomiendo también a los que están solos; a los que viven en mundos internos restringidos por sus miedos, sus rabias y ansiedades; a los que están centrados en sí mismos presas de la confusión de sus crisis; a los que están saliendo de un duelo.

Todo esto viene a que me desperté pensando en las diferentes maneras de dar, o quizás me desperté pensando en esto porque estamos haciendo campañas a troche y moche, porque con esto de Coronavirus y sus secuelas de desempleo y aislamiento, las necesidades se han disparado tanto que no damos abasto.

Me parece a mí que hay un dar que ayuda al otro a crecer y un dar que lo invalida. Se me ocurre el ejemplo de las mamás que "hacemos todo" y "lo damos todo", pero después nos sentimos agobiadas por la sobrecarga de trabajo y enrabiadas con el resto de la familia que "no ayuda en nada". ¿Estaremos generando inválidos sin darnos cuenta?

En vínculos complementarios, uno le proporciona al otro lo que a este le falta y así se logra un equilibrio: yo pongo la estructuración, tú pones la espontaneidad; yo me nutro de tu sociabilidad, tú de mi capacidad para estar solo y así. Pero no siempre se logra ese balance y puede pasar que los roles se rigidicen. Entonces aparece la asimetría: el que "da demasiado" y el que "da demasiado poco", el eficiente fanático del orden y el desordenado incompetente. ¿Cómo se sale de esa cristalización de posiciones? Probablemente, el ordenado tendrá que bancarse que el desordenado ordene a su manera, aunque no sea la "correcta" y el desordenado tendrá que ponerse las pilas y darse cuenta que ambos viven en el mismo espacio y que cuidarlo es parte del quererse. Es decir, se sale cuando ambos privilegian la continuidad y el enriquecimiento de la relación.

Entonces, así como el asistencialismo a nivel social puede ser necesario, no siempre funciona para potenciar la autonomía y el crecimiento del otro y lo mismo sucede en las relaciones familiares, de pareja o de amistad.

Conclusión: a hacer el bien pero mirando a quién y a dar pero sin invalidar.

¿Qué opinas, tendrá razón Fito Paez?


Dedicado a mis incansables compañeras de Contigo: Daniela Roitstein, Viviana Kremer, Ely Rothfeld, Evelyn Bravo, Silvana Ajzenberg, Jeannette Stifel y Mariana Btesh. Love you chicas!!!!


Dar es dar?


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