Cuando el Hijo Deseado No Llega


Nada te prepara para los trastornos emocionales, físicos y económicos que la infertilidad causa en tu vida. Cuando tú y tu pareja se dan cuenta de que no pueden cumplir con el sueño de concebir con facilidad, surgen sentimientos confusos: desconcierto (¿por qué a mí), pena, rabia contigo mismo/a y con el otro; envidia de los que sí pueden y culpa. Desde el momento del diagnóstico, tu vida cambia abruptamente y todo comienza a girar en torno a este tema. Comienzas a ver embarazadas por todas partes; evitas los cumpleaños infantiles y las reuniones familiares o sociales en las que sabes que te preguntarán “¿y para cuándo el bebé?”; postergas viajes y cambios de trabajo “por si resulta”.

Encaras el primer tratamiento de fertilización asistida con optimismo, casi con la certeza de que quedarás embarazada. Pero el test da negativo y te das el primer porrazo contra la pared.

Con el paso del tiempo -años la mayoría de las veces- los tratamientos se van complejizando y encareciendo, tu cuerpo sufre con tanta hormona y tanto pinchazo, las emociones te tienen al límite y los conflictos de pareja aumentan. Aunque lo peor, quizás, es sentir que se te va la vida todos los meses, en cada regla.

Sin embargo, llega un día en el que pueden suceder dos cosas: o te conviertes en la feliz anfitriona del huésped más deseado del planeta, o aceptas la imposibilidad.

Ahora bien, aceptar no es lo mismo que resignarse. La aceptación trae alivio, permite cerrar el proceso y tomar decisiones: adoptar o vivir sin hijos.

Y, ahora que todo terminó (o todo empezó), respiras profundo y sigues caminando.

  • Instagram
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • Instagram Social Icon
  • Icono social LinkedIn
  • YouTube Social  Icon