¿Cómo Será el Sexo del Futuro?


En su libro "Homo Deus: Breve Historia del Mañana", el historiador israelí , Yuval Noah Harari, hace la siguiente predicción:

"En el siglo XX prácticamente doblamos la esperanza de vida, que pasó de ser de cuarenta años a ser de setenta, de modo que en el siglo XXI deberíamos ser capaces de, al menos, doblarla de nuevo, hasta los ciento cincuenta. Aunque esto queda muy lejos de la inmortalidad, revolucionaría la sociedad humana. Para empezar, la estructura familiar, los matrimonios y las relaciones entre padres e hijos se transformarían. En la actualidad, las personas todavía esperan estar casadas «hasta que la muerte nos separe», y gran parte de la vida gira en torno a tener y criar hijos. Ahora, imagine el lector a una persona con una esperanza de vida de ciento cincuenta años. Al casarse a los cuarenta, aún tiene por delante otros ciento diez. ¿Sería realista esperar que su matrimonio durara ciento diez años? Incluso los fundamentalistas católicos se resistirían a ello. De modo que es probable que se intensificara la tendencia actual a los matrimonios en serie. Si esa persona tuviera dos hijos a los cuarenta años, para cuando alcanzara los ciento veinte años solo tendría un recuerdo distante de los años que pasó criándolos…, que constituirían un episodio relativamente menor de su larga vida. Es difícil decir qué tipo de nueva relación entre padres e hijos pudiera desarrollarse en estas circunstancias."

Según Harari, la especie Sapiens ha vencido a tres grandes enemigos: el hambre, la peste y la guerra. De hecho, en este siglo, la gente muere más que nada por obesidad y por suicidio. O sea, hoy la muerte es un problema técnico: una vez resuelto, seremos inmortales. Su hipótesis además, es que gracias a la biotecnología, el cerebro y el cuerpo humanos ya no serán producto de la selección natural, sino que obedecerán a un diseño inteligente. Si fuera así, debería cambiar radicalmente el orden social establecido y habría que inventar nuevos modelos de trabajo, de familia y de pareja.

Sin duda, el aumento de la expectativa de vida ha tenido una gran influencia en la evolución de los vínculos interpersonales. El amor eterno de Romeo y Julieta debe haber durado, como mucho, un par de meses. Veinte años más tarde, con 10 hijos, 10 kilos extras cada uno y el castillo hipotecado por el mercader de Venecia hubiera sido otra historia. De todos modos, los cambios en las relaciones de pareja y en las estructuras familiares, no dependen sólo de la temporalidad.

Durante el Paleolítico se inició la diferenciación entre la sexualidad humana y la de los animales, con la realización del coito frente a frente. De la penetración por detrás se pasó al abrazo, a las miradas y a la comunicación como ingredientes de los contactos sexuales. Se cree que ello favoreció el orgasmo femenino, que en los simios no existía. En el Neolítico apareció la sociedad agrícola y, con ella, el sedentarismo y la noción de propiedad privada. Así comenzó la monogamia, para asegurar el patrimonio familiar a largo plazo y la sexualidad se convirtió en un elemento fundamental de la civilización.

La sexualidad evolucionó desde lo reproductivo hacia el erotismo y el placer más o menos a partir del año 16.000 AC. y siguió sin cambios sustanciales hasta la década de los ´60, cuando la píldora anticonceptiva desanudó para siempre la ecuación sexo-placer-reproducción. Esto cambió la balanza del poder entre hombres y mujeres a la vez que produjo modificaciones en los vínculos de pareja y de familia.

Adueñarse del control de la natalidad les permitió a ellas salir del ámbito doméstico y reclamar para sí mismas el control de su cuerpo y del placer. Los hombres se vieron cada vez más exigidos en su rendimiento sexual y encontraron competencia también en el mundo laboral. Tanto su rol como su identidad se vieron cuestionados, y a muchos eso los insegurizó. Quizás a ello se deba -entre otras cosas- el aumento de las disfunciones sexuales masculinas que vemos hoy en día.

A pesar de todo, el desequilibrio se ha agudizado porque la mayoría de los hombres (ojo, no todos) han mantenido su dominio sobre el mundo externo pero no han entrado del todo al mundo doméstico, mientras que las mujeres ahora deben navegar por los dos mares a la vez. Y su sexualidad se ha visto afectada también, porque el placer suele ser incompatible con el exceso de responsabilidad.

La última revolución conocida, vino de la mano de las técnicas de fertilización asistida. Hasta el siglo pasado, la especie humana requería para su supervivencia del intercambio de material genético entre un hombre y una mujer mediante el acto sexual. Hoy se podría decir que, tanto el placer como el sexo, se volvieron irrelevantes para la continuidad del homo sapiens. Por supuesto que siguen siendo deseables, pero ahora que hemos vencido a la biología, podríamos elegir. La ovodonación (tanto de óvulos como de espermios) y los vientres de alquiler hace rato que son una realidad. Quien sabe, así como la fecundación ya puede hacerse fuera del cuerpo femenino, algún día la gestación sea extrauterina (onda Matrix).

O los sapiens, ahora liberados de las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos indeseados, podríamos dedicarnos -con ayuda de la biotecnología- a la remodelación de nuestros cuerpos y cerebros en búsqueda de mayor potencia sexual y mayor capacidad de goce. Por ejemplo: los orgasmos son tan breves que sumados a lo largo de la vida, no superan los 15 minutos. ¿Qué pasaría si a Amazon o a Google se les ocurriera inventar un algoritmo que te asegurara superorgasmos -el doble o el triple de largos e intensos- y te ofreciera implantarlos en tu cuerpo? ¿Comprarías orgasmos en un solo click?

Hasta ahora hablamos de sexo, placer y reproducción desde el punto de vista de la historia. Sin embargo, si ponemos el foco sólo en la gratificación de necesidades inmediatas, lo desviamos del hecho de que nosotros nos diferenciamos de otras especies porque no nos centramos solamente en el acto sexual sino que contamos un cuento sobre lo que es estar con el otro. Los humanos armamos un relato compartido que llamamos deseo, amor y compromiso emocional. Y esa narrativa es lo que llamamos sexualidad.


  • Instagram
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • Instagram Social Icon
  • Icono social LinkedIn
  • YouTube Social  Icon