Amor Millennial: monogamias seriales y poliamor



Se considera millennials o Generación Y, a los nacidos entre 1985 y 1995 aproximadamente. Es decir, gente entre los 25 y los 35 años, que está comenzando a desarrollar su identidad adulta y armando su proyecto de vida en relación a la pareja, la familia y el trabajo. Vistos como colectivo, nacieron en un mundo analógico, pero hicieron una transición rápida hacia el mundo digital, por lo que manejan ambos códigos y -al menos en teoría- tendrían mayor flexibilidad y adaptabilidad a los cambios del siglo XXI.

Es importante aclarar que el concepto de millennial surge en la cultura occidental y que, incluso en Occidente, existen diferencias culturales importantes entre Latinoamérica, Europa o Estados Unidos. Por último, es difícil generalizar porque cada persona se inserta en los tiempos que le tocan vivir a su manera, según las vicisitudes de su historia individual.


Amores y Desamores


Los abuelos de los millennials pertenecían a familias extensas que, a su vez, tenían una fuerte inserción en sus comunidades y pueblos. Se movían en entornos de reglas claras y control social de las vidas individuales, con jerarquías y roles definidos, en los que la identidad se forjaba desde la continuidad de las tradiciones. En ese mundo se privilegiaba el sentido de pertenencia, lo que muchas veces iba en desmedro de la libertad individual, pero esto a su vez “liberaba” a las personas de tener que tomar decisiones importantes todo el tiempo y responsabilizarse por las consecuencias de éstas. Eran épocas de certezas y de opciones limitadas, pero la gente mantenía un contacto cercano y permanente con varias personas en las que podía depositar y ver satisfechas sus necesidades afectivas y materiales.

En las ciudades actuales ese tipo de configuraciones familiares casi no existen y las certezas han sido reemplazadas por la incertidumbre y la relatividad de las cosas. Esto ha significado una disminución del sentido de pertenencia y un aumento del sentimiento de soledad, que es la gran pandemia de nuestros tiempos.

Si antes la elección de pareja tenía un objetivo de subsistencia económica, hoy se basa en una concepción romántica: encontrar el amor, saber si es él o la indicada. Por ende, las necesidades emocionales -antes repartidas entre varias personas- hoy se concentran en una sola, a la cual se le pide que cubra todos los roles: amante, compañero, amigo, apoyo económico, socio en la parentalidad, etc. Se entiende entonces por qué el 50% de los matrimonios termina en divorcio. Es una exigencia enorme que ninguna persona por sí sola puede cumplir.

Tanto a nivel laboral, como de consumo y de pareja, al millennial no le basta con estar satisfecho: necesita estar inspirado, apasionado y sorprendido. La novedad es importante para él, pero el problema de la novedad es que se pierde en el mismo minuto en que entramos en contacto con ella. Entonces, cuando las cosas y/o personas se vuelven conocidas, los de la Generación Y salen a buscar otra alternativa porque siempre les queda la duda de si esa es la mejor opción o si se estarán perdiendo de algo/alguien mejor.

En este contexto, aparecen nuevas (y no tan nuevas) formas de encarar los vínculos. Hay que tener en cuenta que lo que las define es la búsqueda de una satisfacción plena en todas las áreas y no solo a nivel de la sexualidad.

En el mundo digital, estamos condicionados a evaluar todo el tiempo la calidad de lo que se nos ofrece y la relación de pareja también cae en estos parámetros. Entonces, ¿qué se hace cuando al sexo le damos una estrella, a la convivencia tres y a la conexión emocional cuatro? ¿Cuál es la política de devolución si hay hijos de por medio?

La diferencia está en qué hace cada uno con eso. Antes la gente seguía casada a pesar del adulterio, un fenómeno históricamente condenado pero universalmente practicado. Posteriormente, la Generación X (nacidos entre 1960 y 1980 aproximadamente), se dio permiso para divorciarse y seguir buscando “la” persona ideal. Sus sucesores -los millennials- son hijos de la desilusión con el modelo monogámico de pareja y la infidelidad concomitante. Saben que su expectativa de vida será de cien años o más y son más realistas en cuanto a reconocer lo difícil que sería estar romántica y sexualmente satisfechos con una sola persona durante setenta años. Como resultado de la convergencia entre los cambios históricos, la búsqueda de transparencia y una mayor flexibilidad en los vínculos, han ido surgiendo otras configuraciones de relación. Hoy hablamos de monogamias seriales e incluso de poliamor.


El poliamor

Significa muchos amores y se refiere a relaciones no monogámicas consensuadas entre los miembros de la pareja, quienes se dan permiso mutuo para establecer vínculos de intenso apego romántico y sexual con otras personas. No es lo mismo que la poligamia porque ésta es una relación de un solo hombre con varias mujeres que no se han elegido entre sí.

El poliamor es un acuerdo conciente e intencional que tiene similitudes con el concepto de outsourcing: buscar proveedores externos para cubrir ciertos servicios. De hecho, en Estados Unidos existen comunidades organizadas en torno a estos arreglos, en las que los hijos son criados por varios padres y madres. Es la recreación actual de la aldea de los bisabuelos.

Va a ser muy interesante ver cómo se desarrollan estas nuevas formas de convivencia y acuerdos de pareja en el futuro. Pensemos que aquí la ley de divorcio se aprobó recién en el 2004, ni siquiera se aprueba aún la del matrimonio igualitario, ni hay ley de adopción por parte de parejas homosexuales. Por ahora, creo que el poliamor es una realidad para unos pocos; además no sabemos bien cuántos hay en Chile.



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